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FIESTAS DE LA PALOMA

Las fiestas de La Paloma son una de las fiestas más castizas de Madrid, junto con las fiestas San Lorenzo y San Cayetano. Todas estas fiestas se celebran todos los años en el mes de agosto, y en unas fechas muy cercanas. Las fiestas de San Cayetano el 7 de agosto, San Lorenzo el día 10 de agosto, y las fiestas de La Paloma el día 15 de agosto, el día más festivo de todo el país.

Las fiestas de La Paloma tienen lugar en el Distrito Centro de Madrid por el Parque de las Vistillas, la Plaza de la Paja, la calle de La Paloma, la calle Toledo y otras calles cercanas, y es quizás una de las fiestas más concurridas de Madrid, sin olvidar también la masiva asistencia a fiestas de celebración más reciente, como las fiestas del orgullo gay, donde miles de personas llenan las calles de Chueca, al igual que sucede durante estos días en el barrio de La Latina en las fiestas de La Paloma.

Estas fiestas en un principio se hacían en honor de la virgen de La Paloma, a continunación podrán ver un poco de información sobre la historia de estas fiestas y su virgen que nos han facilitado:

La Virgen de La Paloma, cuya imagen se encuentra en la Parroquia de San Pedro el Real, es la virgen que de facto es considerada la Patrona popular de Madrid, lo que contrasta con la Virgen de la Almudena, la Patrona oficial de Madrid.

Es la de más moderna presencia entre las vírgenes vinculadas a Madrid, pues la historia de la Virgen de La Paloma se remonta tan sólo al siglo XVIII, cuando, según la leyenda, fue encontrado un lienzo representando a un mujer con ropas monjiles, con un rosario en las manos, entre un montón de leña ubicado en un corralón.

Según algunos estudiosos, el cuadro reproducía una talla de la Virgen de la Soledad, realizada por el pintor y escultor Gaspar Becerra (Baeza, 1520 - Madrid, 1570). Sin embargo, otros autores sostienen que es el retrato de una monja, hecho por su padre, antes de que entrara en clausura. Por último, hay quienes refunden ambas teorías en una sola y dicen que el pintor renacentista hizo un cuadro a la Virgen de la Soledad teniendo como modelo a una monja.

Autoría aparte, la leyenda dice que el cuadro fue encontrado por unos chiquillos que jugaban con él, hasta que una vecina, Andrea Isabel Tintero, interesada por la pintura les dio unas monedas a cambio de ella. La reparó y la colocó en el portal de su casa, como mujer piadosa que era.

Rápidamente se propagó que la mediación de aquella virgen era milagrosa. Por ello, la cuñada de Isabel Tintero, fue la primera que ofreció a su hijo recién nacido a la protección de la virgen. Comenzó así una tradición, que se mantiene todavía, más de docientos años después. Efectivamente, en la actualidad, todos los sábados del año por la mañana, se celebra una misa para que las madres puedan ofrecer sus hijos a la Virgen de La Paloma.

En vista de la devoción adquirida por la virgen, Isabel Tintero, en 1791, solicita permiso para construir una capilla donde venerar más dignamente el cuadro. Concedidos todos los permisos, comenzaron las colectas para comprar un solar existente en la misma Calle de La Paloma, que pertenecía a las monjas franciscanas de Santa María de la Cruz, convento que estaba en el cercano pueblo de Cubas de la Sagra.

Adquirido el terreno, se encargó la edificación de la capilla a Francisco Sánchez, que comenzaría la obras en 1792 y las terminaría tres años después. El año siguiente, el 9 de octubre de 1796, el cuadro de la Virgen de La Paloma fue llevado a la nueva capilla, de la fue nombrada sacristana y administradora Andrea Isabel Tintero.

La fama fue en aumento, sobre todo entre las capas más populares de la población madrileña, llenándose la capilla de exvotos y toda serie de prendas que los fieles ofrecían a la Virgen de La Paloma para recibir o agradecer los favores pedidos. Tantos llegaron a ser y a ocupar tanto sitio que el visitador eclesiástico ordenó, que fueran retirados por el peligro que significaban.

Durante la ocupación francesa, la capilla sufrió los efectos del pillaje, aunque el lienzo y las joyas de la virgen se salvaron al ser escondidos por Isabel Tintero, que moriría en 1813 sin lograr su ultimo deseo: ser enterrada en la capilla.

Durante el siglo XIX, la popularidad de la Virgen de La Paloma siguió en aumento, tanto es así que la reina Isabel II, solía acudir a rezar a la capilla en el último mes de sus embarazos, y su hijo, el rey Alfonso XII, visitó varias veces la capilla para rezar a la Virgen de La Paloma.

En 1891, se decidió sustituir la capilla por un templo mayor al pasar la Parroquia de San Pedro el Real a la Capilla de la Virgen de La Paloma. El edificio fue construido entre los años 1896 y 1911, con planta en cruz latina y de fachada neomudéjar, flanqueada por dos altas torres. Se inauguró con asistencia de los reyes, el 23 de marzo de 1912 y la Casa Real donó las vidrieras.

Durante la Segunda República y ante el temor de que la parroquia corriese la misma suerte que otras iglesias, se retiro el cuadro de la Virgen de La Paloma y en su lugar se coloco una copia.

Al estallar la Guerra Civil, Pedro Labiana, presidente de la junta parroquial traslado su domicilio a la Calle de Altamirano y allí guardó el cuadro original dentro del cabecero de una cama. En el mes de noviembre de 1936 la casa sufría un duro bombardeo que obligó a esconder mejor el cuadro y, por ello, fue llevado a los sótanos de una farmacia de la Glorieta de San Bernardo, propiedad de unos parientes de la familia.

Allí permaneció más de dos años, hasta que, finalizada la guerra, fue devuelta la pintura a la parroquia, el 15 de agosto de 1939; aunque el marco y la custodia de oro y brillantes no regresaron nunca. Podemos añadir, como curiosidad, que la copia del cuadro dejada en el lugar de la pintura verdadera, también fue guardada por un zapatero del barrio, creyendo que se trataba de la autentica y estuvo escondida durante toda la guerra.

A partir de este momento y hasta el año 1956, el cuadro de la Virgen de La Paloma era descolgado por los bomberos y llevado en procesión en un coche de bomberos . En esa fecha, una suscripción popular permitió adquirir la actual carroza. Sin embargo, la tradición se ha mantenido y son los bomberos quienes bajan el cuadro tras las misas de la mañana del día 15 de agosto, y por la tarde, los bomberos del cercano cuartel de la Puerta de Toledo, escoltan a la Virgen de La Paloma en todo el recorrido procesional, para volver a colocar el cuadro una vez cantada la Salve.

Es entonces cuando comienza la Verbena de La Paloma, la más castiza de las principales verbenas madrileñas que dan fin a las 'Fiestas de La Paloma', las fiestas más castizas de todo Madrid, que son el final de las 'Fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y la Virgen de La Paloma'.

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